Para poder comprender a la persona que está pasando por un duelo y saber cómo afrontarlo y ayudarle debemos comenzar por conocer exactamente por lo que está pasando: qué es exactamente el duelo, como se desarrolla y que emociones, sentimientos y comportamientos son habituales en este proceso.

¿Qué es el duelo?

El duelo es la reacción psicológica, física y emocional normal después de la muerte o desaparición de un ser querido que conlleva un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación en el que la persona se pone en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorando su importancia y soportando el sufrimiento y la frustración que comporta.

 ¿Por qué se produce el duelo?

El duelo es universal, como la muerte. Todas las sociedades desde la más tradicional a la más moderna, dispone de ciertas costumbres o ritos para cuando una persona muere. Incluso en nuestra sociedad actual, que se han ido diluyendo los ritos funerarios de nuestros predecesores, se mantienen ciertos comportamientos y actitudes orientados a expresar el sentimiento de duelo y dolor por la pérdida. Sin embargo, esto no suele ser suficiente, precisamente porque en nuestra sociedad se niega o se regatea este espacio, la persona deberá hacer todo un esfuerzo para poder recuperarse de la pérdida, intentando reencontrarse consigo misma, a recuperar las partes de ella misma que parece que también han desaparecido con la pérdida y el sufrimiento que ésta conlleva.

En relación a la necesidad de hacer el duelo, Engel (1961) (3), en su artículo is Grief a Disease?, hizo referencia a que la pérdida del ser amado es psicológicamente tan traumática como herirse o quemarse gravemente lo es en el plano fisiológico. En este sentido, Engel asemeja el proceso del duelo al de un proceso de curación, decía que el duelo representa una desviación del estado de salud y bienestar, e igual que es necesario curarse en la esfera de lo fisiológico para devolver al cuerpo su equilibrio homoestático, asimismo se necesita un período de tiempo para que la persona en duelo vuelva a un estado de equilibrio similar.

 ¿Cuando se produce el duelo?

 En teoría podríamos considerar que el proceso de duelo pudiera comenzar desde el primer instante en el que somos conscientes de la muerte de la persona querida, pero en realidad no podemos dar una fecha exacta, de hecho existen diferentes tipos de duelo, dependiendo de la relación temporal con la muerte . En base a esta relación temporal podríamos hablar de:

Duelo anticipado. Es un tiempo caracterizado por el shock inicial ante el diagnóstico y la negación de la muerte próxima, mantenida hasta el final por la ansiedad y el miedo. Deja profundas huellas en la memoria.

Duelo agudo. Son momentos intensísimos y excepcionales, de verdadera catástrofe psicológica, caracterizados por la anestesia emocional e incredulidad ante lo que se está viviendo.

Duelo temprano. Desde semanas hasta unos tres meses después de la muerte. Tiempo de negociación con la evidencia, de estallidos de rabia y de intensas oleadas de dolor incontenible, profundo sufrimiento y llanto.

Duelo intermedio. Período entre el duelo temprano y el tardío, en el que no se tiene la protección de la negación del principio, ni el alivio del paso de los años. Es un periodo de tormenta emocional y vivencias contradictorias, de búsqueda, presencias, culpas y autoreproches, … donde continúan las punzadas de dolor intenso y llanto, y en el que se reinicia lo cotidiano, comenzándose a percibir progresivamente la realidad de la muerte. Es también un tiempo de soledad, aislamiento, de pensamientos obsesivos. Se va descubriendo la necesidad de descartar patrones de conducta previos que no sirven y se establecen unos nuevos que tengan en cuenta la situación actual de pérdida. Este proceso es tan penoso como decisivo, ya que significa renunciar definitivamente a toda esperanza de recuperar a la persona perdida. Los períodos de normalidad son cada vez mayores. Se reanuda la actividad social y se disfruta cada vez más de situaciones que antes eran gratas, sin experimentar sentimientos de culpa. El recuerdo es cada vez menos doloroso y se asume el seguir viviendo. Este período dura entre uno y dos años.

Duelo tardío. Transcurridos entre 2 y 4 años, el doliente puede haber establecido un modo de vida basado en nuevos patrones de pensamiento, sentimiento y conducta. Y aunque sentimientos como el de soledad pueden permanecer siempre, dejan de ser invalidantes.

 Duelo latente. A pesar de todo, nada vuelve a ser como antes. Sin embargo, con el paso del tiempo parece que se alcanza un duelo latente, más suave y menos doloroso, que se dispara en cualquier momento ante ciertos recuerdos.

 ¿Cómo se manifiesta el duelo?

Como hemos visto hasta ahora, el duelo debe verse como un proceso inevitable y al que hay que enfrentarse para poder salir y seguir adelante en la vida. La intensidad y duración del duelo va a depender de muchos factores: de la personalidad del doliente, del tipo de muerte, de la intensidad de la unión con el fallecido, de las características de la relación con la persona perdida, de la edad, etc. No obstante, la mayoría de las personas que sufren un duelo o lo han sufrido muestran una serie de síntomas característicos. Entre los más significativos a nivel físico, emocional y comportamental podríamos señalar los siguientes:

 

Sentimientos Sensaciones en el cuerpo Comportamientos
Negación /incredulidad:

“¡no puede ser verdad! ¡no es más que una horrible pesadilla!”

Insensibilidad:

es como si le estuviese pasando a otro”

Enojo /rabia /resentimiento:

¿por qué has permitido esto dios mío? ¡esos malditos médicos la dejaron morir! ¿cómo me dejas ahora con todo lo que te necesito? ¡todos siguen viviendo como si nada hubiera pasado!”

Tristeza:

“Siento una pena muy grande y todo me hace llorar. la tristeza es el sentimiento más común. Puede tener muchas expresiones: llanto, pena, melancolía, nostalgia…”

Miedo / angustia:

“Estoy asustado/a ¿qué va a ser de mí?”
Culpa / autorreproches:

“si al menos hubiera sido más cariñoso/a
llamado antes al médico
tenido más paciencia
le hubiera dicho más a menudo lo que le quiero”

Soledad:

“me siento tan sola ahora. es como si el mundo se hubiera acabado”

Alivio:

“Gracias a dios que todo ha terminado”

  • Nauseas
  • Palpitaciones, opresión en la garganta, en el pecho,
    nudo en el estómago
  • Dolor de cabeza
  • Pérdida de apetito, dificultad para tragar
  • Fatiga, sensación de falta de aire,
    pérdida de fuerza
  • Dolor de espalda
  • Temblores
  • Hipersensibilidad al ruido
  • Oleadas de calor
  • Visión borrosa
  • Sensación de oír o ver al fallecido

me parece que me sigue llamando por la noche. el otro día me pareció verlo entre la gente”.

  • Llanto y suspiros
  • Buscar y llamar y hablar al fallecido
  • Querer estar solo, evitar a la gente
  • Insomnio, tener pesadillas
  • Falta de concentració
  • Falta de interés por el sexo
  • Falta de motivaciónno parar de hacer cosas o apatía