En el difícil arte de educar, como padres, no sólo tenemos la complicada misión de enseñar a nuestros hijos cómo comportarse adecuadamente, sino que además tenemos que hacerlo de manera que ese comportamiento perdure en el tiempo, manteniéndose estable y si es posible, generalizándose a otras situaciones. Tarea ardua y complicada pues normalmente tenemos la sensación de que carecemos de recursos para ello.

Sin embargo la solución a nuestros problemas se encuentra mucho más cercana de lo que pensamos. Se basa en un principio fundamental y básico en la Teoría del Aprendizaje: El Reforzamiento. Un proceso mediante el cual podemos conseguir que una conducta se mantenga o incremente en el comportamiento habitual de un niño, si cada vez que se produzca esa conducta el niño obtiene “una gratificación” por su comportamiento.

Un fenómeno que ofrecemos de manera natural y casi espontáneamente sin valorar la importancia que tiene en el aprendizaje de nuestros hijos. O si no, que levante la mano el padre o la madre que no ha ofrecido una “chuche” o un regalo a su hijo para conseguir que se porte bien en el médico, el que no ha felicitado a su hijo por un buen trabajo, o el que no le ha llevado al parque de atracciones por el resultado de sus exámenes. En síntesis, ¿quién no ha gratificado a su hijo en algún momento por un buen comportamiento? Pues bien, esto es el reforzamiento.

Si reforzamos continuamente a nuestros hijos podemos conseguir que mantenga conductas apropiadas de manera continua. Pero, ¿cómo podemos hacer para mantener ese comportamiento sin provocarle una caries al niño o sin tener que hacernos socios del Kiosco más cercano de casa?

Pues bien, tenemos que tener claro que una “gratificación o reforzador” no tiene por que ser siempre del tipo material, caramelos, dulces, regalos, etc., también pueden ser actividades agradables como ver la televisión, ir al parque de atracciones, ir al cine, etc o, mejor aún, del tipo social haciendo referencia a frases de ánimo, aplausos, risas, comentarios hechos a terceras personas sobre el niño delante de él, etc. Está demostrado por la literatura científica que son los más útiles y eficaces con los niños, básicamente porque todas estas son conductas que indican que el niño ha conseguido despertar y mantener nuestra atención y los niños, como cualquiera de nosotros tienden a repetir las conductas que más llaman la atención sin considerar si son conductas positivas o negativas. Veamos un ejemplo: Si cuando un niño canta “despierta pasiones” y todo el mundo lo elogia, hay una muy alta probabilidad de que ese niño dedique mucho más tiempo a cantar que otro niño cualquiera y que cada vez hacerlo mejor. Igualmente, si sólo se hace referencia a un niño cuando se porta mal, se pelea con su hermano o todo el mundo se ríe cuando chilla diciendo tacos, probablemente repita su mal comportamiento pues obtiene lo que más desea: La atención de sus mayores.

Normalmente no somos conscientes de la necesidad de nuestros hijos de obtener nuestra atención, especialmente cuando su comportamiento es adecuado. ¿Cuántas veces les das las gracias por haber ido a la cama sin rechistar?, ¿Cuántas veces lo has parado, abrazado y dado un beso por haber dejado a su hermano ese coche con el que él estaba
jugando?… Creemos que un niño se porta bien, porque debe hacerlo así y no le damos demasiada importancia, mientras que cuando se porta mal nos dejamos la garganta para hacerlo notar nuestro disgusto prestándoles el máximo de atención y no nos damos cuenta de que nosotros estamos condicionando al niño a que se comporte de determinada manera en función de la atención que nosotros le prestamos.

En resumen: ¿Qué debemos hacer entonces?, pues obviamente si, quieres que tu hijo tenga una determinada conducta, préstale atención en su comportamiento, aprovecha cualquier pequeño cambio que haga en su comportamiento para decírselo, aunque sea muy insignificante y necesite mejorar mucho más. El que el niño note que se valora le animará a repetirlo de nuevo. Además, gratifícaselo directamente mediante alabanzas, abrazos, sonrisas, gestos de enhorabuena, etc, coméntalo con los demás delante de él, los niños lo pillan todo, lo oyen todo…agradémosles los oídos y nos sorprenderán con lo que son capaces de hacer.